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¡Saludos, cibernautas! Soy Leila Parada.

Les doy la bienvenida a mi recién creado blog, "Ocaso y Amanecer". En realidad fue una idea de mi querida madre, y pensé: "Estaría bueno". Así que luego de dudas, investigaciones, consejos de mi hermana y mucho trabajo, decidí hacerlo. No les miento: no tengo ninguna experiencia en esto de ser blogger, pero me gustan los retos. El propósito de este blog será entretenerlos con mis historias, escritos, reflexiones, vivencias del día a día, fotos, videos, etcétera. Espero caerles bien y recibir comentarios positivos. Con esta presentación los dejo y espero que pasen un lindo día. 

Mis queridos seguidores (o mejor dicho aquellos pocos que me siguen), ahora podrán disfrutar de muchas cosas nuevas que agregué a la página para que sea mucho más entretenida y divertida. Los animo a participar de los foros, crear sus propias entradas, compartir la página en Facebook... ¡y hasta pueden escuchar la música del blog! Genial, ¿verdad?

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El Colectivo Fantasma

Buenos días mis queridos y escasos seguidores, aquí les traigo un cuento de suspenso que escribí hace algunos años. Disculpen que no haya actualizado el blog, estuve a full con los estudios y exámenes. ¡Pero ya volví! Espero disfruten del cuento. Déjenme sus comentarios y opiniones.

Era primavera cuando apareció por primera vez. Yo estaba en sexto grado, y ya me creía una mujer grande sólo porque en la escuela mi curso estaba en el segundo piso. Pero una mujer no se hubiera comportado como yo en ese tiempo cuando pasó todo.

Tenía dos mejores amigos: Manuela, que la conocía desde pre-jardín, y a Luchito, mi vecino. Siempre nos juntábamos a tomar la leche a la tarde y después a ver tele o jugar en la calle. Y fue en ese año cuando lo vimos los tres por primera vez. Una noche nos dejaron hacer una pijamada en la casa de Manu, y de paso invitamos a otros del colegio. Más específicamente, con los que nos llevábamos mejor, que eran Raquel, Alicia, Belén y Osvaldo. Me acuerdo bien: los siete ahí en la casona de Manuela, que era re grande, y sus papás nos dejaron ver una película de terror y dormir en la sala, así que todos llevaron para comer. Pero esa noche íbamos a asustarnos con otra cosa aparte de la peli.

Recuerdo que yo fui la última en ir a la casa, y eso que la tenía a media cuadra, pero me había quedado haciendo tarea del colegio para el día siguiente. Llegué y ya estaban por ver la película.

-¿Qué pensaban verla sin mí?-le pregunté a Luchito.

-Nunca, sólo la estábamos preparando. Vení, comé pizza antes de que se termine.

Fui como bala, armé mi cama entre Manu y Belén y me senté como india para comer lo que me habían dejado.

-¿Por qué te tardaste tanto? No estaba tan difícil la tarea-me dijo Manu.

-Vos lo decís porque sos una grosa en matemática, yo no.

En eso se acercó Luchito y la corrió a Belén.

-A ver, hacete a un lado-le dijo.

-¿Por? Yo vine primero-le reclamó ella.

-Le tengo que decir algo de suma importancia a Paola.

-¿Y por qué traés tu cama?

-Porque sí, ahora correte.

Yo no me daba cuenta de las señales, y eso que las chicas me habían tirado indirectas de lo que le pasaba a Luchito. Ahora que soy grande, me doy cuenta que estaba re ciega. O demasiado ocupada estaba mi mente en esos críticos momentos que no veía las señales. Luchito, tiempo después, me decía: “Cómo no te dabas cuenta.” Y siempre le respondo lo mismo: “Era una nena, no tenía idea de las cosas.”

-¿Qué me querés decir?-le pregunté cuando armó su cama al lado mío.

-Nada-me susurró-, era para que se vaya.

-Ufa Luchito, no seas así de pesado.

-No soy pesado. Sí te tengo algo muy importante que decir, pero otro día, hoy no.

-¿Y por qué hoy no?

-Porque están todos.

-Bue, ahora estás re misterioso. Como quieras, fijate vos.

-¿Pongo ya la peli?-preguntó la mamá de Manu, que había entrado.

-Sí-le dijimos todos.

-Bueno. Conste que les advertimos de esta película ¿eh? No lloren después.

Creíamos que éramos muy valientes, pero como todo niño de once y doce años, nos equivocábamos en varias cosas. La cosa es que vimos la película mientras comíamos helado. Gritamos hasta que nos dolió la garganta, y más de una vez, Luchito me preguntó si no quería sacarla, porque daba mucho miedo. Yo me hacía la corajuda y le decía que no, que me la bancaba. Pero una parte de mí quería sacar la película y hacer la guerra de almohadas.

Llegó la medianoche y la película terminó. Los chicos presumían de que no estaban tan asustados, y las chicas decían que no querían ver esa peli nunca más. Yo pensaba igual, pero siempre me pasaba lo mismo con las películas de terror: decía que no iba a ver más una, y apenas salía otra o me invitaban a ver, la curiosidad podía más y la iba a ver, para arrepentirme después.

Estábamos jugando a la guerra de almohadas, cuando tuve ganas de ir al baño. Encima que la casa de Manu era grande, yo estaba paranoica por la película, así que cualquier sombra me daba miedo. Pero después me acordé que era una de las más grandes del curso y me reté a mí misma. <<Bueno, o te calmás o sos una llorona. Después no me van a dejar ver más películas cuando me inviten, así que mejor me tranquilizo>>, me dije. Salí del baño y, volviendo a la sala principal, pasé por una ventana, y ahí lo vi: estacionado a mitad de cuadra, como una visión fantasmagórica y reluciente, un colectivo blanco, sin gente ni chofer, pero con el motor encendido y echando un poco de humo.

Yo me quedé paralizada, pero no de miedo, sino de sorpresa, porque los colectivos dejaban de pasar a medianoche. Y éste decía en un costado, con letras mal pintadas “Línea 0”. ¿Línea 0? Me llamó mucho la atención. ¿Adónde llevaría ese colectivo de línea 0? ¿Y por qué estaba ahí, si los colectivos ya no pasaban a esa hora? Me dispuse a seguir para ir con los chicos y me topé con Luchito.

-¡Ay, casi me matás del susto, tonto!-le susurré.

-¿Qué hacés acá sola?-me preguntó.

-Mirá eso-le señalé la ventana.

-¿Qué querés que mire?

-El colectivo, que más hay ahí, menso.

-No hay nada-me dijo con una ceja levantada.

No podía ser verdad. Me acerqué de nuevo a la ventana y era cierto: se había esfumado. En su lugar había un charco, pero no sabía si de agua o de aceite.

-No, no, había un colectivo blanco ahí, a mitad de cuadra. Estacionado y con el motor prendido. ¡No te rías! Es verdad.

-Estás asustada por la peli, Paola. Vení-me tomó del brazo-, vamos con los chicos antes de que alucines con otra cosa en el pasillo.

-¡No, en serio! Si no me querés creer, allá vos-me solté de su agarre y me iba a ir, pero me agarró del hombro y me dio vuelta.

-¡Pará, no seas así! Bueno, contame cómo era ese colectivo.

-No, si no me vas a creer no te cuento.

-¡Bueno! Te creo, pero miralo desde mi lado: me acerqué y no hay nada.

Yo suspiraba, enojada.

-¿Listo? A ver, decime.

-Decía “Línea 0”.

-¿Cómo? No puede ser, no existe una línea 0.

-Eso decía. Y no había nadie adentro. Ni siquiera el chofer.

-Bueno, eso sí da un poco de miedo. ¿Pero estás segura que no lo imaginaste?

-Muy segura como que me llamo Paola-él y Manu sabían que cuando decía eso era porque estaba diciendo la pura y santa verdad-. Tendrías que haberlo visto, parecía un colectivo fantasma.

-Encima los colectivos a esta hora ya no pasan. Bueno, vamos con los chicos, mañana a medianoche voy a ver si está o no, ¿dale?

-Bueno. Pero hacelo, y no creas que estoy loca ni paranoica.

-Bueno, bueno, vamos ya, o los otros van a decir cualquier cosa.

En efecto, cuando llegamos los otros se pusieron a chiflar y decir pavadas.

-¿Los dos juntitos vienen?-se burló Osvaldo.- ¿A qué se debe?

-A nada, no digas pavadas-le respondió Luchito.

Al día siguiente no aguanté y le conté lo del “colectivo fantasma” a Manu en el recreo. Le costó mucho creerme.

-Te lo juro, Manu. No seas como Luchito y creeme.

-No sé, ya nos dirá Luchito si es verdad o no. Para mí te traumó la película-me dijo riéndose.

-Ufa, ¿vos también? Ya vas a ver que sí es como yo digo. Pero no le cuentes a los otros o se van a burlar de mí.

-Listo, lo dejamos así entonces.

A la noche no aguantaba más, quería que sean las doce clavadas para salir a ver al colectivo fantasma. Y presté atención a todos los que pasaban antes de terminar los recorridos. Todos eran rojos o amarillos. El fantasma era blanco y reluciente. Estaba muy impaciente y miraba el teléfono para ver si Luchito me llamaba. Y cuando fueron las doce, no aguanté más y le dije a mi mamá:

-¿Puedo salir un rato a la vereda? Quiero ver algo.

-¿Y por qué tan tarde? Son las doce pasadas, Pao.

-Creo que Luchito me quería decir algo importante-le dije acordándome de lo que me había mencionado sobre eso.

-No, esperá hasta mañana en la escuela. Mirá si pasa alguien y te lleva.

-Salí conmigo entonces-le propuse, aunque sabía que no me iba a hacer caso porque ya estaba metida en cama.

-Ya me acosté, y vos también tendrías que ir a dormir Paola.

-Un ratito, porfis-le imploré y en eso sonó el teléfono.

Fui a contestar rápido y me cortaron. Eso solo me puso más nerviosa de lo que estaba.

-¿Quién era?-preguntó mi mamá.

-No sé, cortaron cuando atendí.

-Decile a tu hermano que te acompañe a ver eso que querés. Pero salís y entrás rápido, ¿eh?

-Sí, sí.

Lo llamó a mi hermano, que es cinco años mayor que yo, y renegando me acompañó a la vereda. Y ahí estaba: estacionado a mitad de cuadra, el colectivo fantasma, esta vez con un chofer.

-Mirá ese colectivo-le dije a mi hermano.

-¿Eso querías ver? ¿Para eso molestás tanto? Qué tonta que sos. Entremos, dale.

Ni cinco de bolilla le dio al colectivo y se metió adentro. Yo me hice la sorda y me volví para ver más de cerca. Cuando me di vuelta, el chofer ya no estaba, y la piel se me erizó.

-¡Ey! ¿Qué hacés ahí afuera?-escuché que me gritaron, y vi a Luchito afuera de su casa saludándome.

-¡¿Lo viste?!-le grité, pero mi hermano me agarró del brazo y me metió adentro.

-Ya andás con noviecitos-se burló.

-¡No es mi novio! Si vos ya lo conocés.

Entramos para adentro y yo fui corriendo a mi cuarto para dormirme rápido, esperando con ansias que llegara el día siguiente para encarar a Luchito y hacerle ver que yo no me equivocaba con lo del colectivo fantasma. En efecto, cuando salí para tomar el colectivo que nos dejaba a una cuadra de la escuela, él ya estaba ahí esperando en la parada, y me hizo señas de que me apurara.

-¿Lo viste?

-Sí, lo vi-me dijo algo nervioso.

-¿Con o sin chofer?

-Sin chofer. Y sí parecía fantasma. Vos ganás, te creo todo lo que me dijiste. Pero debe haber una razón para que esté ahí a esa hora.

-No creo, es muy raro todo esto. Para colmo yo primero lo vi con chofer, me descuidé unos segundos y cuando volví a mirar, ¡ya no estaba!

-¿Si? Qué miedo.

-¡Chicos!-escuchamos que nos gritó Manu.-¿Qué hacen?

-Qué más, hablando del colectivo fantasma-le dije sin rodeos.

-¿Otra vez con lo mismo, Pao?

-¡Luchito lo vio! Decile Lucho, decile lo que me dijiste a mí.

-Es verdad, Manu-le dijo Luchito-. ¿Viste que los colectivos son rojos o amarillos? Bueno, éste era blanco bien brillante. Y estaba sin chofer.

-Bueno che, van a tener que mostrármelo porque sino me cuesta creerlo. ¿No me están haciendo una broma, no?

-No, tonta-le insistí-. En serio te hablamos. ¿Y si nos juntamos esta noche? Lo vamos a ver los tres para que veas que es cierto.

-Bueno, en mi casa-dijo Luchito.- Después del colegio vayan las dos y nos quedamos hasta la noche, si es que nos dan permiso.

Apenas salimos del colegio ese día, nos fuimos con Manu a pedir permiso para quedarnos a dormir en casa de Luchito. Ya cuando se hizo de noche, Luchito y yo estábamos ansiosos por mostrarle a Manu el colectivo fantasma. Vimos una peli para hacer tiempo y, cuando se hicieron las doce, fuimos hasta la pieza de Luchito, porque su ventana daba a la calle. Y ahí estaba: puntual, reluciente, fantasmagórico y con un chofer adentro que miraba hacia la nada. Manu dejó escapar un grito ahogado y se tapó la boca.

-Ay Dios, sí da miedo-dijo medio riéndose.

-¿Y si salimos a ver más de cerca?-propuse yo- Me mata la curiosidad.

-¿Vos estás loca, no?-dijo Manu.- ¡Yo no voy!

-Dale, no seas miedosa.

Con Luchito le rogamos como por diez minutos y al final se rindió y aceptó. Fuimos a comprobar que los papás de Luchito ya estaban acostados y salimos de la casa sin hacer ruido. Caminamos hasta donde estaba el colectivo y notamos que a medida que nos acercábamos el brillo se hacía más opaco. Miramos hacia adentro y no vimos a nadie: el chofer había desaparecido sin que nos diéramos cuenta.

-¡Ya no está!-susurró Manu.

-¿Qué hacemos?-preguntó Luchito.

-Esperemos a que aparezca-dije yo. Quise hacerme la valiente, aunque estaba muerta de miedo.

Caminamos hasta la parte de atrás y sentimos los tres que una brisa nos helaba la espalda. Nos dio escalofríos.

-¿Hola?-dijo una voz atrás nuestro, y los tres gritamos y dimos un salto. Cuando nos dimos vuelta, había un hombre con uniforme de chofer mirándonos como si nada.

-Ho… hola-saludé, y me miró fijamente. Sentí una fuerte presión y me puse a temblar.

-¿Los puedo ayudar en algo?-preguntó. Hablaba lentamente y con voz ronca.

-No, no, en nada-dijo Luchito y se le quebró un poco la voz. Manu no decía nada, era obvio que estaba re asustada- Pero le hago una pregunta. Este colectivo, ¿a qué línea pertenece?

-A ninguna, este es un colectivo particular para gente mayor-contestó el tipo.

Manu se dio vuelta y empezó a caminar rápido hacia la casa de nuevo. Luchito y yo nos despedimos del hombre y la seguimos. Apenas entramos fuimos corriendo a la ventana por donde lo vimos ¡y el colectivo había desaparecido!

-¡¿Tan rápido se fue?!-gritó Manu.- ¡Pero si no hizo ni ruido!

-Te dije: es un colectivo fantasma-le dije yo.

En eso se apareció la mamá de Luchito en la puerta de la pieza.

-¿Qué hacían ustedes fuera de la casa?-preguntó.

-Mamá, los colectivos particulares para gente mayor, ¿a qué hora dejan de pasar?-le preguntó Luchito.

-¿Qué cosa? No hay colectivos particulares en esta ciudad-respondió ella.

-¡¿No?!-gritamos los tres.

-No, esos dejaron de pasar hace como cincuenta años, cuando un chofer murió en un accidente re feo con todos los pasajeros a bordo del colectivo.

En ese momento no supe si el hombre del colectivo nos había hecho una broma o…


Bueno, anhelo que les haya gustado. ¡Saludos!

 
 
 

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